Consuelo en la soledad del Salmo 31
Si un árbol cae en el bosque, y no hay nadie para escucharlo, ¿hace un sonido? Si yo me caigo en el bosque, y no hay nadie para escucharlo, ¿hago un sonido?[1] Una noche sin ninguna estrella, un camino desierto sin ningún compañero, abandonado sin ningún amigo, desertado en la tormenta sin ningún refugio, un grito por auxilio sin que nadie lo escuche, una historia dolorosa sin que a nadie le importe, un río de lágrimas sin que nadie se compadezca, rodeado de enemigos sin que nadie intervenga. Así es la soledad—no simplemente el estar físicamente solo, sino una soledad del alma.
El gran predicador Charles Spurgeon luchó con soledad y depresión, y la describió así:
La soledad es un sentimiento que ninguno de nosotros disfruta. El estar solo puede tener algunos encantos, pero aquellos que se ven obligados a ser cautivos de la soledad no los han descubierto. Una soledad pasajera puede dar placer; estar solo, completamente solo, es terrible; estar solo, sin Dios, es tal énfasis de soledad, que desafío incluso a los labios de un espíritu condenado a expresar el horror y la angustia que deben concentrarse en ella.[2]
La soledad es un fenómeno común en las Escrituras. Podemos pensar de los casos de Noé, José, Moisés, David, Jeremías, Daniel, Pablo (2 Tim 4:16–18) y sobre todo de Cristo mismo. Además, Cristo nos advierte que la soledad será una parte de nuestra vida ya que el seguirle a Él significa que incluso nuestros seres más queridos nos pueden odiar y traicionar (Mat 10:34–36).
¿Dónde podemos encontrar consuelo en estas noches oscuras y tormentas mortales de la soledad? El libro de Salmos provee un recurso excelente para expresar y dar luz en todo el espectro de la experiencia humana, desde lo más triste hasta lo más feliz. Hay varios salmos que hablan de la soledad (Ps 22, 25, 42, 69, 88, 102, 142). Por ejemplo, escucha las palabras de Salmo 88:18—“Has alejado de mí al compañero y al amigo; mis amistades son las tinieblas”. ¡Qué triste! En esta publicación, quiero señalar el consuelo que David encontró en su soledad expresado en Salmo 31. Como David, espero que veas que Dios está contigo, aun cuando todos los demás te han dado las espaldas.
La Soledad de David
Aunque no sabemos el contexto original de este salmo, el lenguaje mismo revela varias de las aflicciones que David sufría: ataques de enemigos, traición de amigos, debilidad física, y el sentirse abandonado por Dios. Primero, sufría de los ataques de muchos enemigos que buscaban matarlo. Sus enemigos habían tendido una trampa para sus pies (v. 4), era objeto de oprobio para sus enemigos (v. 11), lo calumniaban con falsas acusaciones (v. 18) y tramaban su muerte (v. 13), y en su soberbia se exaltaban sobre él (v. 18).
Segundo, incluso sus amigos y conocidos lo habían abandonado (v. 11–12). Los enemigos eran tan feroces que todos sus amigos tenían temor de asociarse con él y por esto lo abandonaron. Se sintió como una persona ya muerta hace tanto tiempo que lo habían olvidado (v. 11–12a) o como un vaso quebrado que alguien bota a la basura porque ya no les sirve (v. 12b).
Tercero, por todo esto estaba en gran angustia y temor (v. 13). Llegó hasta tal punto que incluso estaba afectado físicamente. Su cuerpo mismo se enfermaba del temor, angustia y el peso de la culpa por sus pecados (v. 9–10). Expresa que su vida se había acortado a causa de tantas lágrimas, tanto dolor y tantos suspiros.
Cuarto, no solamente sufría de ataques de enemigos, traición de los amigos, y debilidad física, sino también fue confrontado con la realidad de su propio pecado (v. 10b). Parece que en medio de sus muchos temores y angustias clamaba al Señor, pero al no ver una respuesta rápida empezó a reflexionar sobre sus pecados y consideraba si todo esto era simplemente el juicio divino para destruirlo. Había clamado, pero ahora considera si Dios también lo ha abandonado. Como dice, “Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos” (v. 22).
Sufría angustia sobre angustia. El efecto cumulativo de todo esto era un sentido de completo abandono y soledad. Por fuera, había enemigos a dondequiera que iba. Cuando buscaba un amigo para socorrerlo, todos lo habían abandonado. Incluso en su propio cuerpo estaba desertado, agobiado con los pensamientos de quizás su pecado le había separado de toda esperanza. Y, por todo esto, siente que Dios también lo ha abandonado. ¿Alguna vez te has sentido así?
El Consuelo de David
Sin embargo, este salmo no solo incluye estas varias expresiones de dolor y angustia, sino también comunican una esperanza profunda. En esto, vemos siete verdades que pueden traer consuelo a un cristiano que hoy sufre en la soledad.
Dios Escucha
Primero, David encontró consuelo que sus muchos clamores y llantos no pasaron desapercebidos. Volviendo a la pregunta anterior: David cayó en el bosque y estaba completamente solo, ¿hizo un sonido? La respuesta es sí. Dios lo escuchó. Cuando ya se dio por vencido y perdió toda esperanza, recobra ánimo porque: “Pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba” (v. 22). Cuando estás solo y viertes tu alma y piensas que nadie te escucha o que a nadie le importa, Dios escucha tus clamores. Cuando crees que nadie quiere escuchar de tus luchas, tus temores o tus dolores, allí está Dios con el oído presto para escucharte. Como a David, Dios te escucha a ti.
Dios Ve
Segundo, David encontró consuelo en que, aunque sus amigos lo habían abandonado y por temor no querían asociarse con él, Dios vio su aflicción y estaba consciente de todo lo que sufría: “Me gozaré y alegraré en tu misericordia, Porque has visto mi aflicción; Has conocido mi alma en las angustias” (v. 7). De hecho, en medio de todo el sufrimiento que menciona, David encontró en esta realidad una razón para gozarse. No solamente pudo por fin levantarse la cabeza, sino incluso pudo cantar porque Dios estaba viendo las maquinaciones de sus enemigos y el abandono de sus amigos. Dios escuchaba las calumnias y mentiras que decían en contra de él. Dios vio también las lágrimas y dolores que David sufría por esta angustia en la soledad de su lecho. Cuando se sintió completamente solo y abandonado, Dios lo veía. Como Agar dijo, Dios es Aquel que me ve (Gen 16:13–14). De la misma manera, cuando tú piensas estar sufriendo sin que nadie te vea. Cuando te sientas que estás en una gran multitud y nadie toma nota de ti, Dios te ve.
Dios Está Allí
Tercero, David encontró consuelo que Dios no solamente miró su aflicción desde lejos, sino que se acercó a él. Como José, incluso abandonado en la cárcel de Egipto, allí Dios estaba con él (Gen 39:2, 21). De la misma manera, aunque encerrado por sus enemigos sin salida, sus enemigos no podían detener al Dios invisible y omnipresente de entrar a su alcoba para socorrerlo. Las puertas detrás de las cuales la soledad nos encierra no pueden excluir a Dios. Por esto, David puede pedir aun en medio de la oscuridad de su soledad: “Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo” (v. 16). La luz de la presencia de Dios puede resplandecer en la soledad más oscura. David dice, “En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; Los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas” (v. 20). Rodeado de enemigos, allí está Dios. Gimiendo de dolores corporales, allí está Dios. Llorando por el abandono de enemigos, allí está Dios. Arrastrado en la red de los perseguidores, allí está Dios. En tu circunstancia, cualquiera que sea, allí está Dios y la luz de su rostro, la luz de su bondad y su misericordia pactual resplandece.
Dios Salva
Cuarto, David no solo encuentra consuelo en que Dios toma nota de él en su aflicción, sino tiene la confianza de que lo va a salvar. Dios viene tanto para dar gracia y consuelo como para librar a su pueblo de sus enemigos. Como David dice, “Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad” (v. 5b). Luego dice, “No me entregaste en mano del enemigo; Pusiste mis pies en lugar espacioso” (v. 8). Empezó este salmo pidiendo que no sea avergonzado delante de sus enemigos, y vemos como Dios lo rescata. La imagen aquí es interesante. Imaginamos a David andando de puntillas tratando de evadir sus enemigos, mirando siempre sobre sus hombros, velando cada paso por si había una trampa o lazo para él. Sin embargo, Dios lo ha tomado a un lugar amplio donde puede andar sin temor y cada paso cae sobre tierra firme y segura. En la protección del Señor, no se puede resbalar ni caerse. Dios lo sostiene hasta el final.
Ya que Dios nos ve y escucha en la soledad y es poderoso para salvar, podemos confiar en Él completamente. David renovó sus fuerzas en medio de la soledad porque pensó en la fuerza de Dios para librar, la misericordia de Dios para tener compasión de su pueblo, y su bondad para obrar maravillas. Era el carácter de Dios, el Dios que estaba con él, que le dio fuerza para seguir.
Dios Protege
Quinto, Dios es también un lugar de refugio para los que sufren soledad. La soledad puede sentir como uno que sale a la guerra contra una gran hueste solo para mirar a su alrededor y ver que allí está solo para enfrentar las hordas sin compañero. Es una condición abrumadora, y así era para David. Sin embargo, David encontró refugio en Dios. A lo largo del salmo habla de esta realidad. Le llama a Dios “mi roca fuerte”, “fortaleza”, “mi castillo”, “Dios de verdad”. Por esto, David repite que él confía en Dios (v. 1, 5, 6, 14). Con esta confianza, pide redención, misericordia, salvación, liberación, y reivindicación. Y, termina con esta misma confianza: “a los fieles guarda Jehová” (v. 23).
Dios protege a su pueblo, y es un refugio para la tormenta de la soledad. Aunque te sientas solo, por fe estás guardado en las manos del Dios y nadie te puede arrebatar de sus manos (Jn 10:28-29). Por esto, David pudo confiarse completamente en las manos de Dios. El Dios su protector es el Dios soberano—“En tu mano están mis tiempos” (v. 15a). David reconoció que no eran los enemigos que determinaban el día de su muerte, sino tanto su nacimiento como su muerte estaban en las manos del Dios en quien había confiado. Toda tu vida es controlada y guiada por el Dios quien es el refugio de tu alma, tu Padre misericordioso. Por esto, con mucha razón David canta: “¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, Que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!” (v. 19).
Dios Guía
La presencia de Dios con nosotros es una fuente de gran ánimo en medio de la soledad. Cuando todos los demás nos abandonan, tenemos a Aquel que está más cerca que un hermano. Si eres cristiano, aunque luches con soledad, tienes a un amigo quien te conoce, un compañero quien está a tu lado, un ayudador que te escucha, un defensor que te ampara y tienes a un consejero quien te guía. Esto es el sexto aspecto del consuelo de David en este salmo. En medio de soledad, es fácil abrumarnos y confundirnos sin saber qué hacer ni a dónde ir. Sin embargo, David dice, “Por tu nombre me guiarás y me encaminarás” (v. 3). No estás solo. La luz del rostro de Dios no solo te consuela, sino también te alumbra el camino por donde ir. Nos muestra cómo tomar el próximo paso, y nos da la fuerza y gracia para darlo.
Cristo Simpatiza
En último lugar, hay un consuelo más que podemos agregar y viene por una conexión importante en el salmo. David expresa su confianza total en Dios. Se le entrega a Dios su alma confiando que Él la puede cuidar mucho mejor que él mismo. Afirma esto cuando dice, “En tu mano encomiendo mi espíritu” (v. 5). Espera; ¿has escuchado ese lenguaje en otra parte de la Biblia? Según el Evangelio de Lucas, estas fueron las últimas palabras de Jesús en la cruz. En los Evangelios de Mateo y Marcos, lo vemos clamar en base de Salmo 22—“Mi Dios, mi Dios, ¿por qué me has abandonado?” (Mat 27:46 // Mc 15:34; citando Salmo 22:1). En su aflicción, Cristo usó los salmos para expresar su dolor y encontrar consuelo.
En su gran aflicción en la cruz, el Hijo estaba solo. Tenía enemigos a todo su alrededor, sus amigos por temor lo habían desertado, su cuerpo fue azotado y desfigurado e incluso experimenta una separación de Dios mismo. Lo que vemos en David en este salmo es solo un tipo del supremamente solitario. Cristo sufrió todo lo mismo que David, pero sin el pecado de versículo 10. Cristo hizo esto, en primer lugar, para pagar nuestra deuda de pecado. Él fue realmente abandonado por Dios en ese momento porque había llevado la culpa de nuestro pecado sobre Sí—“Dios lo hizo pecado” (2 Cor 5:21).
Sin embargo, también lo hizo para conocer tu experiencia de con la soledad. Cristo mismo sufrió en soledad, pero encontró consuelo porque “no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Jn 16:32). Cristo mismo pudo apelar a todo lo que hemos visto hasta este momento, pero nosotros tenemos otro beneficio que Cristo no tuvo. Nosotros lo tenemos a Él. Él sufrió allí solo sin ningún compañero, confiado en Dios solamente, para que pudiera compadecerse de nosotros en nuestra soledad. Cristo se hizo hombre, tomó nuestras debilidades sobre sí, llevó nuestras cargas en sus hombros, para mostrar compasión y simpatía a su pueblo en medio de sufrimiento, dolor, debilidad y soledad (cf. Heb 2:17–18, 4:14–16). Por esto, en tu soledad, “Aférrate al Cristo del huerto y de la cruz, y encuentra, oh solitario, tu mayor alegría en el pensamiento de que Él es un hombre como tú”.[3]
Conclusión
La soledad es realmente terrible, pero en este salmo vemos varias verdades que son un bálsamo en medio de la soledad. Realmente, tenemos a un amigo que nunca, no nunca nos abandona (Heb 5–6), aunque todos los demás sí lo hacen. La lucha con la soledad es agotadora y devastadora, pero habiendo presentado estas verdades a tu mente y tu corazón, termino con estas palabras de David:
“Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová,
Y tome aliento vuestro corazón” (v. 24)
[1] Esto es una alusión a una canción en el musical Dear Evan Hansen por Benj Pasek y Justin Paul.
[2] C. H. Spurgeon, “Never! Never! Never! Never! Never!,” in The Metropolitan Tabernacle Pulpit Sermons, vol. 8 (London: Passmore & Alabaster, 1862), 603.
[3] C. H. Spurgeon, “Our Lord’s Humanity a Sweet Source of Comfort,” in The Metropolitan Tabernacle Pulpit Sermons, vol. 22 (London: Passmore & Alabaster, 1876), 291.
Leave a reply to Ivan Tassara Cancel reply